domingo, 13 de septiembre de 2026

Robots que corren, trabajan y cuidan: ¿hasta dónde queremos llegar?

Robots humanoides compiten en una carrera en un estadio futurista
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Durante esta última semana ha trascendido la noticia de que en China se estaba celebrando una competición de robots humanoides con 666 equipos y más de 2.000 máquinas de 16 países.

Se trata de la segunda edición de una suerte de juegos mundiales u olimpiadas para robots conocida como la World Humanoid Robot Games, que consta de 51 pruebas deportivas, entre las que se encuentran el atletismo, el fútbol, el levantamiento de pesas o incluso el boxeo, así como otro tipo de pruebas que incluyen tareas de almacén, hostelería (doblar una camisa, por ejemplo) y extinción de incendios.

El interés que subyace a esta competición, evidentemente, no son los resultados deportivos de estos atletas humanoides, sino la comprobación de que su destreza y habilidad van en aumento cada día. Tareas como la de doblar camisas eran, hasta hace poco tiempo, muy difíciles para los robots humanoides. Sin embargo, en estas olimpiadas se pone de manifiesto que este es otro objetivo alcanzado, entre otros muchos.

Pero, sin duda, la imagen más comentada de estos juegos ha sido la de un robot que ha batido el récord de los 100 metros lisos en manos del jamaicano Usain Bolt. El robot llamado Tiangong Ultra llegó a recorrer estos 100 metros en tan solo 8,64 segundos frente a los 9,58 de Bolt en 2009.

Sin embargo, también cabe destacar los inconvenientes y fallos que afortunadamente han tenido estos robots humanoides. Entre ellos, destaca que en los 100 metros algunos no pudieron frenar tras cruzar la meta, no hacen bien la curva y chocan contra las colchonetas verticales o incluso dejaron de funcionar. La imagen de alguno de estos robots saliendo en camilla de la competición no es baladí, ya que da fe de que la perfección de los mismos afortunadamente todavía está lejos (https://forbes.es/sports/1006277/olimpiadas-robots-pekin-conclusiones/).

Pero, sin duda, la preocupación más que razonable sobre la posible sustitución de tareas propiamente humanas por estos robots no es menor. En esta competición, se ha visto que estos robots están mejorando su habilidad manual y corporal, por ejemplo, algo que les permitiría trabajar en fábricas, hoteles e incluso realizar tareas domésticas.

La conclusión de esta competición de Pekín es que el próximo objetivo es que los robots sean más ágiles en tareas sencillas como coger un objeto delicado, abrir una puerta o encontrar un producto en un almacén.

Por otro lado, los juegos han servido de escaparate para mostrar el poderío de China en este sector que amenaza con destruir una gran cantidad de empleos hasta ahora eminentemente humanos (https://www.bioeticaweb.com/la-obsolescencia-de-las-profesiones-humanas/). Parecía que las profesiones más manuales habían quedado fuera de la invasión de la inteligencia artificial que parecía cernirse especialmente sobre las profesiones más intelectuales (escritores, traductores, periodistas, etc.). Pero los juegos de China han mostrado una realidad muy distinta que amenaza a todos los sectores, incluso los que demandan más habilidad manual, por ejemplo, para manipular objetos.

En este ámbito es donde tenían más dificultades los robots humanoides. Su clara mejora, no obstante, no lleva aparejada una sustitución real del ser humano debido a las frecuentes caídas, la falta de naturalidad o flexibilidad.

Robots humanoides compiten en una carrera durante las olimpiadas de robots de Pekín
Fuente: revista Forbes

En cualquier caso, es evidente que China está a la cabeza de esta competición entre humanos y robots y sus juegos son una pieza básica de su campaña de publicidad frente a Estados Unidos.

Desde la bioética, es muy necesario preocuparse y ocuparse de esta realidad tan incómoda que pone en jaque la idea antropológica clásica del ser humano. La llegada de los robots humanoides a la vida civil puede suponer un giro antropológico sin parangón y una convivencia que supone también retos éticos.

No en vano, estos robots también pueden llegar a sustituir incluso a cuidadores humanos en la asistencia a personas mayores. Un buen ejemplo de ello es el robot asistencial ARI, creado específicamente para acompañar y ayudar a personas mayores que viven solas. No deja de ser llamativo que sea un robot el encargado de paliar los efectos devastadores de la vida en soledad para los ancianos (https://www.bioeticablog.com/la-soledad-como-enfermedad/).

Robot asistencial ARI diseñado para acompañar a personas mayores
Fuente: https://www.soledades.es/recursos/ari-asistente-robotico-inteligente

Parece que como humanos hemos declinado la responsabilidad de crear y cuidar los vínculos afectivos con los otros seres humanos, incluidos los de mayor edad. El robot ARI es un proyecto piloto que demuestra que el cuidado ya se está comenzando a delegar en la inteligencia artificial y es un aviso de lo que sucederá en el futuro.

Es evidente que los presupuestos transhumanistas que propugnan la llegada de un ser humano mejor y mejorado están más cerca de cumplirse, ya no con humanos sino con robots.

La pregunta es si es realmente necesario sustituir al ser humano y dejar en manos de robots tareas tan humanas como el cuidado. Supone un fracaso de la sociedad en su conjunto que la soledad de los ancianos tenga que ser gestionada como un asunto que puede abordarse de manera automática por robots. No se puede negar que pueden servir de ayuda para muchas tareas, pero el futuro es que sirvan como cuidadores sustitutos de los humanos.

La realidad es que la mejora del funcionamiento de los robots puede tener consecuencias muy importantes tanto a nivel laboral como social, ético y económico. Antes de introducir robots humanoides en todos los sectores de la sociedad, es necesario reflexionar desde la ética para conocer las consecuencias de este uso abusivo de la tecnología. El giro antropológico que acecha a la humanidad bien vale que se genere un intenso debate antes de que sea demasiado tarde.

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