La imposición de un lenguaje inclusivo de género

La imposición de un lenguaje inclusivo de género

La reciente publicación de la Generalitat Valenciana de una Guía breu per a un ùs no sexista del llenguatge”, ha levantado una gran polvareda. Empezando por Pérez-Reverte con un difundido tuit, al que han seguido numerosos artículos de prensa y comentarios -por ejemplo aquí-.

Se trata de escándalos un tanto farisáicos porque empezando por la misma Generalitat que ya, con el anterior equipo de gobierno, había publicado en 2009: “Igualdad, Lenguaje y Administración: propuestas para un uso no sexista del lenguaje” y continuando por otros gobiernos autonómicos y central, han sido numerosas las guías que se han publicado con este tono y propósito (se puede ver en Google).

En mi opinión, es evidente que nos hemos encontrado con un lenguaje que, en ocasiones, era fruto de unos planteamientos sociales que dejaban a la mujer al margen de la sociedad. Cuando, tras la Revolución Francesa, la Asamblea Nacional aprobó la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, ni el sustantivo hombre ni el masculino singular ciudadano tenían auténtico valor genérico pese al carácter aparentemente universal del enunciado, pues su referencia era exclusivamente a “varones”; no hace falta recordar que las mujeres entonces no teníamos siquiera derecho al voto.

Por tanto es una noble exigencia cuidar el lenguaje no sólo para que no sea ofensivo, sino para que refleje realmente la igualdad entre el varón y la mujer.

El problema comienza cuando la Ideología de género, pretende hacerse con el control de la sociedad. En ese momento empiezan a aplicar su postulados ideológicos:

  • “Proclamación de la revolución contra la opresión que el patriarcado ha ejercido sobre la mujer”. “Es necesario que la mujer como clase política se haga con el poder”
  • “Se debe superar la división entre sexos, ignorando la realidad biológica, y promoviendo la voluntaria elección del género”

Y eso se lleva necesariamente a la imposición de una forma de comunicarse y de relacionarse entre las personas que sólo admite las formas y modos de su peculiar ideología.

Por eso tienen que llevar a cabo una auténtica catequesis a través de disposiciones, reglamentos y legislaciones que no pueden dejar de recordar la forma en la que los gobiernos de hace 50 años pretendían que todos los españoles fueran buenos católicos.

En una sociedad que se base en la libertad de pensamiento y la tolerancia, es lógico que estos intentos, por lo menos, provoquen una cierta sonrisa cuando no una ácida crítica. Queremos que nos dejen vivir en paz, y que no pretendan moldearnos según sus esquemas igualitarios.


Para conocer más sobre el debate del lenguaje: Bases epistemológicas del debate sobre el sexismo lingüístico

 

 

 

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