IPS y ética ciudadana

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IPS es el acrónimo de Induced pluripotent stem cells, y es como se conoce a un nuevo tipo de obtención de células madre, que se ha conseguido en el laboratorio.
El éxito de estas investigaciones ha consistido en conseguir que células del cuerpo que ya están diferenciadas en un tipo especí­fico y no producen más que células de esa clase, sean capaces de generar células de otro tipo. Esta pluripotencialidad, que estaba como dormida en esas células, ahora es inducida a activarse y ser capaces de generar otro tipo de células. Su aplicación se dirige a la regeneración de tejidos y órganos del cuerpo humano que puedan estar deteriorados.
Esta técnica de reprogramación fue ideada por Shinya Yamanaka y James Thomson, de las universidades de Kyoto y de Wisconsin, en 2006, aunque presentaba algunos problemas tumoral. Pero en 2008 estos problemas han sido soslayados y se han empezado a obtener resultados clí­nicos aceptables. Los resultados presentados este año, ofrecen varias campos de actuación.
Un equipo del Instituto de Células Madre de la Universidad de Harvard, en Boston, ha desarrollado un nuevo método para obtener IPS utilizando virus que no llegan a integrarse en el genoma de las células. La mejora propuesta por Matthias Stadtfeld y Konrad Hochendlinger permite lograr IPS sin producirles un daño genético, lo que constituye un importante impulso para conseguir que la reprogramación sea una herramienta clí­nica (Science DOI: 10.1126/ science. 1162494).
Otro equipo, esta vez del Instituto de Células Madre de Harvard y del Programa de Células Madre del Hospital Infantil de Boston en Estados Unidos, ha producido lí­neas de células madre especí­ficas de 10 enfermedades a partir de la técnica de las IPS (Cell advanced online issue 7th August 2008.doi: 10.1016/j.cell.2008.07.041) La importancia de esta investigación es poder tener esas lí­neas celulares para estudiar el tratamiento de las enfermedades – Parkinson, diabetes tipo 1, enfermedad de Huntington, sí­ndrome de Down, enfermedad del niño burbuja, sí­ndrome de Lesch-Nyhan, la enfermedad de Gaucher, las distrofias musculares de Duchenne y Becker, y dos formas de distrofia muscular y el sí­ndrome de Shwachman-Bodian-Diamond-, sin acudir a la destrucción de embriones.
Un tercer equipo de investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, ha transformado células pancreáticas adultas en células betas productoras de insulina en ratones vivos. Ésta es la primera vez que investigadores se cambia directamente la identidad funcional de células adultas sin usar células troncales embrionarias o técnicas que revierten la programación genética de la célula a sus primeros estadios (Nature doi:10.1038/nature07314).
El trasfondo ético de todo este tema, ha estado durante estos años, en la decisión de usar o no embriones producto de la fecundación in vitro. Más recientemente además surgió la posibilidad fabricar embriones por transferencia nuclear (clonación terapéutica) -así­ lo ha permitido la legislación española recientemente-.
La voz de la iglesia católica, y de otras confesiones cristianas, la de muchos cientí­ficos, creyentes o no, y la de muchos ciudadanos y ciudadanas, se alzó durante estos años rechazando como contrario a la dignidad humana la destrucción de esos embriones.
Otros cientí­ficos negaron el valor de ser humano al embrión, y promovieron su utilización con fines de investigación. Algunos incluso afirmaban que lo ético era usar los embriones humanos para curar las enfermedades. El ministro Bernat Soria afirmó en 2001, haber tenido éxito en la obtención de células para curar la diabetes, y aseguraba que en tres años estarí­a aplicándose a enfermos (entrevista en El Paí­s, 25/7/2001). También aprovechaba para calificar de no cientí­ficos a todos los que rechazaban la destrucción de embriones por cuestiones éticas.
Ahora es patente la ventaja de utilización de terapias no destructoras de embriones, sobre las que sí­ lo hací­an, de cara a la curación de tantas enfermedades graves. No se ha escuchado ninguna retractación, ni se ha pedido perdón a tantos diabéticos a los que se manipuló llenándoles de falsas esperanzas (Los diabéticos presentan 1,3 millones de firmas en favor de las células madre embrionarias, El Paí­s 18/10/2002), utilizándolos en la pelea polí­tica.
Durante estos años, en algunos casos, no se ha querido ser veraces sobre los logros y las perspectivas de la investigación médica, y además, habitualmente, se ha rehuido el debate ético, resolviéndolo desde posturas ideológicas y polí­ticas. Bueno será que aprendamos de la experiencia -tantos recursos gastados para nada-, y procuremos restringir a su ámbito -y respetarlo-, el campo cientí­fico, el ético y el religioso.

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