Durante décadas, la relación entre Dinamarca y Groenlandia ha estado marcada por un equilibrio complejo entre autonomía y dependencia económica. Sin embargo, en los últimos años han salido algunos a la luz algunos de los episodios más sombríos de su historia colonial: el caso de «los pequeños daneses», y el «caso espiral», llevados a cabo por las autoridades danesas contra la población inuit.
Experimento de los “pequeños daneses”
En 1951, las autoridades danesas seleccionaron a 22 menores inuit de Groenlandia para trasladarlos a Dinamarca con la idea de convertirlos en una élite “modernizada” que liderara después la sociedad groenlandesa.?
Los niños fueron separados de sus familias y entorno, escolarizados solo en danés y sometidos a una fuerte presión para abandonar su lengua y cultura inuit.? Aunque se suponía que todos los niños eran huérfanos, la mayoría no lo eran.
Los niños fueron luego colocados en familias de acogida danesas durante más de un año. Allí aprendieron el idioma danés y olvidaron el kalaallisut. Seis niños fueron adoptados mientras estaban en Dinamarca y dieciséis regresaron a Groenlandia,
Los que regresaron a Groenlandia eran «de primera clase», según documentos de archivo. Ninguno de ellos volvería a vivir con sus familias, y aunque pudieran hacerlo, ya no podrían hablar el mismo idioma. Los colocaron en un orfanato y sólo se les permitió (junto con el personal inuit groenlandés) hablar danés; esta política tenía como objetivo transmitir a los niños los «beneficios» de vivir en danés
Consecuencias para los niños
Al regresar a Groenlandia, muchos de estos menores fueron colocados en orfanatos de habla danesa y nunca volvieron a integrarse plenamente con sus familias ni su comunidad de origen.?
Aproximadamente la mitad de los niños experimentaron trastornos mentales, abuso de sustancias e intentos de suicidio a lo largo de sus vidas, y la mitad de los niños murieron en la edad adulta temprana.
En los años 1960 y 1970 se llevaron a cabo formas modificadas del experimento, en las que los niños iban a Dinamarca sólo por un corto tiempo y luego eran devueltos a sus familias; estos experimentos también afectaron negativamente a los niños
El «Caso Espiral» (1960-1990)
Entre las décadas de 1960 y 1990, Dinamarca llevó a cabo una política sistemática para reducir el crecimiento demográfico en la isla y evitar que los nacimientos se convirtieran en una carga económica para el Estado. Este programa, conocido como el «caso espiral», consistió en la implantación masiva de dispositivos intrauterinos (DIU) en aproximadamente 4.500 mujeres y niñas inuit, a menudo sin su conocimiento ni consentimiento.
Se estima que cerca de la mitad de la población femenina fértil de la época fue sometida a este procedimiento, incluyendo a niñas de tan solo 12 o 13 años. Las víctimas han descrito el dolor físico como «indescriptible» y han denunciado daños psicológicos profundos que duraron toda su vida. Como consecuencia directa de este programa, la tasa de natalidad en Groenlandia disminuyó un 50% en solo una generación.
Contexto colonial en Groenlandia
En estos años, Groenlandia era una colonia danesa marcada por pobreza y alta mortalidad infantil, lo que sirvió de justificación oficial para políticas “civilizadoras” que priorizaban idioma, valores e instituciones danesas.? Estas políticas se inscriben en una lógica colonial de asimilación: se consideraba que las prácticas tradicionales inuit eran un obstáculo para el “progreso” y había que sustituirlas por normas danesas.?
Por otra parte se tuvo el objetivo explícito de limitar el crecimiento demográfico para contener el gasto que esa población suponía para el Estado danés, dentro de su lógica colonial y discriminatoria.
Reparaciones y peticiones de perdón
Aunque el programa de control demográfico terminó oficialmente en los años 90, su alcance real no se hizo público hasta el año 2022. El impacto social fue tan devastador que, en agosto de 2025, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, viajó a Groenlandia para pedir disculpas formales a las miles de mujeres afectadas.
Este acto simbólico vino acompañado de una reparación económica de millones de euros destinada a compensar el daño físico y moral causado por la violación de los derechos reproductivos de estas mujeres. Sin embargo, para muchos groenlandeses, estas disculpas no borran décadas de deshumanización y control sobre sus cuerpos.
La revelación de estos abusos ha fortalecido considerablemente el sentimiento de autonomía y el deseo de independencia total de Dinamarca. Actualmente, casi todas las fuerzas políticas en Groenlandia comparten la aspiración de desligarse de la metrópoli, aunque debaten sobre la viabilidad económica de tal paso.








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