El pasado día 7 de julio se impartió el curso titulado “Edadismo, una discriminación silenciosa” organizado por el UIMP, Centro Ernest Lluch en Barcelona. En el mismo, se debatió sobre los problemas derivados del edadismo, en particular, entre la población de mayor edad. Y también se destacó la necesidad de abordar esta cuestión desde una perspectiva bioética para impulsar las respuestas correctas (https://cuimpb.cat/ca/curs/360-edatisme).
Algunos de los temas tratados en dicho curso fueron los siguientes:
- El edadismo relacionado con la longevidad;
- Las expresiones del edadismo:
- Un prejuicio silencioso y no sancionado,
- Invisibilidad en la participación social y política,
- Maltrato a las personas mayores (económico, jurídico, brecha digital)
- Discriminación por edad en las mujeres
- Discriminación por edad en el cuidado.
El primer punto lo desarrolló, Javier Yanguas, doctor en Psicología biológica y de la salud, y director del programa científico de Gen Gran de la Fundació la Caixa. El doctor Yanguas destacó que su estudio de población se centró en la generación denominada de los baby boomers que abarca desde 1957 hasta 1973, y que tiene visos de ser especialmente longeva dadas las ratios de esperanza de vida en España (84 años de media actualmente. El 25% de ellos no tuvieron hijos, en muchos casos por convicción, y tendrán que enfrentarse a la vejez muy probablemente en soledad, a la que temen especialmente. Por ello, están impulsando nuevas iniciativas de vida en comunidad en diferentes ciudades de España (coliving/cohousing).
Los baby boomers tienen un mayor nivel educativo, lo que ha motivado un cambio de paradigma en el concepto de envejecimiento, así como una mayor incorporación al mundo digital, es decir, no son analfabetos digitales. De esta manera, pueden sortear el problema de la Bioprecariedad digital que atenaza a las generaciones que tienen más de 75 años.
En esta generación, se otorga especial importancia al proyecto de vida personal y a encontrar un equilibrio entre la profesión y la familia, entre el ocio y las obligaciones familiares. Asimismo, no desean encargarse del cuidado de sus familiares de mayor edad, rompiendo de este modo la reciprocidad propia de las familias. Esto conlleva otro problema asociado: la contratación de personal para el cuidado con un salario escaso y poca formación.
Esta generación de baby boomers ha estigmatizado la vejez y la fragilidad, ambas cosas, aspectos esenciales de la vida y reivindican un “envejecimiento activo” íntimamente relacionado con el bienestar personal individual. Esto implica actividad física en gimnasios o al aire libre y libertad para poder hacerlo, así como actividades de voluntariado, tiempo para la espiritualidad o incluso para la formación a nivel universitario. Su enfoque de la vejez es individualista, y para paliarla se podrían implicar en actividades intergeneracionales, voluntariado o participación política. A este tipo de envejecimiento se le denominaría “generativo”, dado que realiza una contribución positiva para los demás, y no solo para uno mismo.
En el segundo punto del curso, Rubén Arranz, técnico de estudios y especialista en edadismo del IMSERSO, trató del prejuicio silencioso que acompaña al edadismo desde la Antigüedad. De hecho, según sus investigaciones, el edadismo tiene más de 4000 años de historia, con lo cual no es un concepto moderno como cabría suponer, sino que hunde sus raíces en los anales de la historia.
Por su parte, Jordi Muñoz, miembro de la Asociación para la investigación del maltrato a las personas mayores, incidió en que una de las bases del maltrato a las personas es precisamente el edadismo. La sociedad no apoya a los ancianos maltratados, porque no hay una reacción social a este problema y porque las personas mayores tienen asociada una etiqueta negativa. La situación de maltrato puede ser de distintos tipos:
- Económico, por ejemplo, mediante robos, cuando existe una soledad no deseada y una dependencia física y emocional aparejada con la pérdida de las capacidades cognitivas, las personas tienen tendencia a hablar con cualquier persona que les escuchen y les presten atención.
- El maltrato también puede tener el rostro del abuso sexual, un extremo que la sociedad niega, porque considera que las personas mayores no son atractivas. Por este motivo, las mujeres mayores maltratadas no reciben la ayuda y el reconocimiento necesarios, ni siquiera en las asociaciones para mujeres maltratadas.
- Legislativo, dado que existe poca legislación referente al maltrato de ancianos. En Cataluña, existe un proyecto de ley para las personas mayores, pero sin dotación económica, con lo cual resulta inútil.
- Brecha digital: no afecta a todas las personas mayores por igual. En los medios de comunicación, se habló hace tiempo sobre la discriminación y el edadismo en las entidades bancarias con pocos resultados positivos. Por otro lado, actualmente es imposible realizar cualquier trámite en la administración pública sin cita previa por internet. Esto entronca directamente con la Bioprecariedad digital entendida como la falta de acceso a internety la falta de conocimientos sobre las herramientas digitales por problemas económicos, sociales, sanitarios o, por supuesto, de edad. Es necesario facilitar la vida a las personas mayores, ya que no todo el mundo tiene familiares, amigos o incluso un ordenador para poder realizar estos trámites (https://www.bioeticablog.com/bioprecariedad-digital/).
Por su parte, Feliciano Villar de la Universidad de Barcelona trató el tema de la invisibilidad en la participación social y política. Si los mayores son invisibles, esto significa que sus problemas también lo son. Y no debería ser así, dado que demográficamente cada vez hay más personas mayores, lo cual conlleva un mayor gasto en pensiones y sanidad. Asimismo, existe un riesgo de enfrentamiento intergeneracional, puesto que pueden llegar a acaparar los recursos sanitarios en un futuro dada la elevada longevidad actual.
En el punto tres, se trató de la discriminación desde diversas perspectivas. En primer lugar, Dolors Comas de la Universidad Rovira y Virgili se refirió a la discriminación en los cuidados de larga duración, en particular en las personas en situación de dependencia. Las políticas públicas de ayuda a la dependencia suelen llegar tarde (más de 2 años desde la solicitud) y disponen de pocos recursos económicos y sanitarios.
Hace tan solo unos días, el Gobierno anunció que dedicaría más recursos a la dependencia para poder sufragar el 50% de los gastos de cuidado con una dotación de 6200 millones. Esperemos que su implementación sea rápida y eficaz, no como hasta la fecha. (https://elpais.com/sociedad/2026-07-09/el-gobierno-aspira-a-blindar-la-dependencia-con-la-reforma-de-la-ley-que-le-compromete-a-cubrir-el-50-de-los-gastos-del-sistema.html).
El edadismo en el cuidado es un problema estructural relacionado con el trato edadista, la infantilización de los mayores y el paternalismo en la relación médico-paciente. De esta manera, las personas mayores pierden derechos y son eliminados del sistema.
Por otra parte, el problema de los profesionales del cuidado también es grave, ya que está en manos de agencias privadas que ofrecen remuneraciones muy escasas a su personal. Esto conlleva situaciones delicadas tanto para el paciente, como para la familia, dado que reciben cuidadores normalmente cansados y poco motivados por las condiciones laborales que tienen. Asimismo, las plazas en residencias públicas también son reducidas y las plazas en residencias privadas son demasiado caras para la mayoría de las familias.
El cuidado requiere tiempo de calidad, sin prisas, sin estrés y con paciencia, algo que en las residencias resulta imposible por la elevada ratio de pacientes por cada asistente. Ante este escenario, hay que reivindicar un cuidado centrado en la persona, un fortalecimiento del ámbito comunitario y la personalización del cuidado.
Por otra parte, Mónica Ramos de UNATE recalcó la necesidad de incorporar la perspectiva de género a la discriminación por edadismo. Las mujeres, de hecho, sufren una doble discriminación: por sexo y por edad. Existe un sesgo andocéntrico, que se puede ver claramente cuando se realiza la distinción entre trabajo (doméstico) y empleo, ya que las tareas del hogar no se consideran debidamente.
Además, el imperativo de la belleza y la juventud acaba invisibilizando a las mujeres de más edad, por considerarlas poco deseables. La heteronormatividad de los cuerpos también empeora los propios síntomas de la vejez y el miedo a envejecer de las mujeres. De hecho, el mandato estético afecta mucho más a las mujeres que a los hombres, que parecen ser más interesantes con la edad al contrario que las mujeres.
Para concluir este artículo, es necesario incorporar una definición de edadismo proporcionada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que lo definió en el año 2001 como “aquellos estereotipos, prejuicios y discriminación contra las personas por razón de su edad. Se manifiesta en el pensamiento (estereotipos), el sentimiento (prejuicios) y la acción (discriminación), afectando a personas de todas las edades, aunque afecta desproporcionadamente a las personas mayores y a los jóvenes” (https://www.bioeticaweb.com/edadismo/).
En este curso, se ha proporcionado una visión más detallada del edadismo y de la consiguiente discriminación por edad que siempre le acompaña. Este tipo de análisis y de debates divulgativos son necesarios para dar voz al problema, para ofrecer soluciones más acordes con la situación actual de la discriminación por edadismo y para proporcionar no solo vidas longevas en términos de años, sino vidas disfrutadas en términos de calidad, vidas vividas desde el cuidado, el respeto y la dignidad que todas las personas de cualquier edad merecen poder vivir.






