El desequilibrio entre hombres y mujeres en China, impulsado por décadas de políticas de control poblacional y tradiciones culturales, presenta un panorama crítico con profundas implicaciones sociales y económicas para las próximas décadas.
Estado actual del desequilibrio
Actualmente, China registra una de las proporciones de sexo al nacer más desviadas del mundo, con aproximadamente 112 a 118 niños por cada 100 niñas, cuando el promedio mundial normal es de 105 o 106. En algunas zonas rurales y ciudades como Shenzhen, esta cifra ha llegado a extremos de 130 a 150 niños por cada 100 niñas. Este fenómeno, conocido como las «mujeres desaparecidas», se estima en más de 30 millones de hombres excedentes en comparación con las mujeres. Las causas principales son la preferencia cultural por los hijos varones (vistos como continuadores del linaje y sustento en la vejez) combinada con la política del hijo único y el acceso a tecnologías de ultrasonido que facilitan el aborto selectivo por sexo.
Futuro y perspectivas
El futuro demográfico de China está marcado por una «compresión del mercado matrimonial» o marriage squeeze. Se proyecta que para 2030, el 20% de los hombres chinos en sus 40 años nunca se habrán casado, una cifra que apenas era del 4% en el año 2000. Aunque se espera que la proporción de sexos al nacer mejore gradualmente (proyectándose en 111 para 2040), la acumulación de hombres solteros —conocidos como «ramas muertas» o guang gun— persistirá. Este excedente de hombres jóvenes y predominantemente pobres podría derivar en:
- Inestabilidad social y violencia: Existe preocupación por un aumento en los índices de criminalidad y amenazas a la estabilidad social.
- Tráfico de personas: La escasez de mujeres ya ha fomentado el secuestro y tráfico de novias desde países vecinos y dentro de la propia China.
- Riesgos de salud pública: Se prevé un posible aumento en la demanda de trabajo sexual y, con ello, un mayor riesgo de propagación del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.
Repercusión en la economía
El desequilibrio de género y la crisis de natalidad asociada están transformando la estructura económica del país:
- Reducción de la fuerza laboral: La población en edad de trabajar ya alcanzó su pico en 2014 y se espera que disminuya un 15,2% para 2050. Esto implica el fin de la era de «crecimiento económico heroico» debido a la pérdida del dividendo demográfico.
- Carga de dependencia: Para 2050, la tasa de dependencia de los ancianos será tan alta que un solo trabajador tendrá que mantener a 0,7 ancianos. El gasto público en pensiones, que ya representaba el 5,3% del PIB en 2019, seguirá aumentando drásticamente.
- Estancamiento y deuda: La transición demográfica hacia una sociedad con menos productores y más consumidores puede llevar a un escenario de bajo crecimiento, baja inflación y elevada deuda, similar al experimentado por Japón o Italia.
- Pérdida de competitividad: La falta de mano de obra barata, que fue el motor de China durante 40 años, podría forzar a las fábricas a trasladarse a países con poblaciones más jóvenes, como la India.
- Ahorro competitivo: Curiosamente, algunos investigadores sugieren que la competencia entre hombres por conseguir una esposa ha impulsado un aumento en las tasas de ahorro privado, ya que los hombres buscan ser más «competitivos» financieramente en el mercado matrimonial.







