Animales, plantas y humanos en Suiza

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¿V a usted a adquirir un perro? A partir de 2010 deberá asistir previamente a un curso teórico. Y luego deberá realizar un entrenamiento práctico junto con su perro a lo largo del primer año. En él aprenderá a conocer las necesidades y el comportamiento de su perro». Este texto forma parte del anuncio de una abogada suiza experta en derecho animal, que ofrece sus servicios a los futuros dueños de mascotas para asesorarles en la aplicación de la nueva ley protectora de animales.

Esa ley, redactada a final de 2005, se promulgó en septiembre de 2008 después de haber sido aprobada en el Parlamento y en el correspondiente referéndum popular, y comienza a aplicarse ahora. El trámite fue largo porque el asunto se trabajó a fondo, con rigor. El resultado es una reglamentación que a lo largo de más de cien páginas y de 226 artí­culos regula todos los aspectos imaginables de la vida de los animales domésticos, y eso que la ley se aplica en principio tan solo a los vertebrados (el Gobierno determinará a qué animales invertebrados se aplicará también, para lo que tendrá en cuenta las aportaciones de la ciencia sobre la capacidad sensible de estos animales).

El objetivo de la ley, enunciado en su artí­culo primero, es bien sencillo: «proteger la dignidad y el bienestar de los animales». El texto legislativo constituye una expresión antológica del perfeccionismo que se atribuye al carácter suizo. Por ejemplo, de los animales que viven naturalmente en grupo habrá que tener en las casas al menos dos ejemplares, para reproducir con la máxima fidelidad posible sus circunstancias naturales. Se legislan por supuesto las condiciones materiales en que se alojarán los animales, pero también el modo en que deben ocupar el tiempo.

Aplicar esa ley va a suponer un notable esfuerzo, incluso para un pueblo tan disciplinado como el suizo. El Gobierno ha optado en primera instancia por la divulgación a través de campañas informativas, pero no descarta que la policí­a lleve a cabo en el futuro registros domiciliarios para asegurar su cumplimiento. No se tratarí­a de una novedad, basta pensar en el régimen implantado en su dí­a en la Ginebra calvinista. En este caso la policí­a investigaba, por ejemplo, si los ciudadanos tomaban dulce en la comida a pesar de la prohibición: el postre se consideraba una amenaza para el orden social puritano.

Pero la pasión reguladora de los suizos no se detiene en el mundo animal y llega también a las plantas. La Comisión Federal de Ética para la Biotecnologí­a en el ímbito Extrahumano ha establecido que esa dignidad también corresponde a las plantas: «dañarlas de modo arbitrario es moralmente inaceptable». Klaus Amman, antiguo director del Jardí­n Botánico de Berna y ahora emigrado a Holanda, donde ha encontrado mejores condiciones de trabajo, declaraba: «En Estados Unidos y en Australia, en Inglaterra y en Italia, los colegas se rí­en de Suiza». En honor a la verdad hay que reconocer que también se han dado reacciones elogiosas. Peter Singer, por ejemplo, pionero del movimiento de liberación animal, estuvo en Berna poco después de la promulgación de la ley y la alabó como un ejemplo para el resto del mundo. Según afirmó, una vez conseguida la emancipación de los negros, las mujeres y los homosexuales, ha llegado la hora de la liberación animal.

Es admirable la fina sensibilidad ética que se percibe en esas iniciativas legislativas. Pero a uno le invade una sensación extraña cuando advierte que Suiza es a la vez el paraí­so del suicidio asistido, donde el ‘turismo de la muerte’ atrae a ‘clientes’ de todo el mundo (eso sí­, adinerados, que lo cortés no quita lo valiente y el negocio tiene sus exigencias irrenunciables). Está bien que el Gobierno se proponga paliar la soledad de las mascotas, pero ¿qué legislador se ocupa de los humanos entrados en años que aducen la soledad como motivo para pedir la muerte? ¿Cómo se explica que en tantos paí­ses el aprecio creciente por la vida animal o vegetal vaya unido al desprecio igualmente creciente por la vida humana?

4.05.09 ALEJANDO NAVAS | PROFESOR DE SOCIOLOGíA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Publicado en el Correo

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