Vientres de alquiler

Vientres de alquiler

En estos días, hemos oído hablar mucho en España de “maternidad subrogada”, aunque de lo que se trata es de “alquilar vientres”. Es decir, de alquilar a una mujer como si de un contenedor se tratase. Se cosifica e instrumentaliza el cuerpo de la mujer que queda reducida a “algo” al servicio de otros, por una cantidad de dinero. Algunos dirán que se ofrecerán todas las garantías para que el proceso sea legal y esté supervisado para que no se produzcan abusos, pero en realidad lo que estarán haciendo es poner el cuerpo de la mujer, y el propio bebé, en la dinámica del mercado neoliberal donde todo se compra y se vende.

Es curioso cómo la sociedad, dependiendo de los grupos de presión política, manifiesta una valoración ética diversa sobre situaciones similares. Un ejemplo claro es la compraventa de órganos. Todo el mundo es contrario a que se promueva y legalice la compraventa de órganos como algo contrario a la dignidad humana. De la misma manera que rechazamos el comercio de órganos deberíamos rechazar que se alquile el vientre de una mujer como mercancía. Sí alguien ve ilegal lo primero y admite lo segundo es por un cierto residuo machista y patriarcal de nuestra sociedad que sigue conviviendo con un cierto desprecio a la mujer y a su cuerpo.

Otros aducirán un pretendido derecho de todos los seres humanos a ser padres y madres. En realidad la paternidad no es un derecho humano fundamental, ni siquiera es una necesidad. Además, no podemos buscar la realización de proyectos personales a costa de la integridad de las mujeres.

Tampoco me comparen lo de alquilar el vientre de una mujer como sustituto de adopción de un niño. En la adopción no se trata tanto de colmar las aspiraciones de ser padre o madre, sino de proteger los derechos del niño, incluido el derecho a tener una familia. Con el alquiler de vientres, que algunos pretenden aprobar y regular, lo que se consagra es un modelo familiar individualista y autoreferencial, egoísta en el fondo, donde el adulto no busca el mejor interés del niño sino su propia autorrealización.

Como decía una reconocida feminista dirigiéndose a las mujeres dedicadas a la política en España: “si después de tantas declaraciones de feminismo como han hecho […] votan a favor de semejante infamia, quedará evidente que ni son feministas ni siquiera se han enterado de que son mujeres”[1].

Para saber más sobre este tema:

[1] L. Falcón, Carta pública a Errejón: las mujeres no somos vientres de alquiler, Blog Público, 9-febrero-2017

 

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